
Hola Fred. Habrás estado leyendo, como yo, una sarta de tonterías sobre esta crisis. Muchos invocan ¡la falta de honradez! Pero no es que esta gente (digo, los capitalistas financieros…) sea peor. Ocurre que, a diferencia de los demás capitalistas, trabajan casi exclusivamente con fondos ajenos, y aunque en teoría deban responder por estos, no son su capital, aunque igual intenten sacar beneficios como si lo fueran. En cambio el cliente de un banco, por más capitalista que sea en su empresa, y en cualquier modalidad en que coloque su dinero, no es copropietario del banco. Cuando les conviene, los economistas burgueses confunden dinero con capital, mercado con capitalismo, y dicen que “todos somos capitalistas si tenemos 2 pounds en el bolsillo”; pero, como ellos mismos saben, una cosa es rescatar a un banco y otra a sus ahorristas. Por eso los “financistas” se benefician de las especulaciones cuando son exitosas, y quieren que se les resarza cuando fracasan.Fíjate en la siguiente caricatura. El slogan circuló hace unas semanas en una manifestación callejera contra Wall Street. Pero esos pobres diablos no entienden que mientras no nos libremos del capitalismo estaremos condenados a soportar a los capitalistas.
El slogan nos retrata un mundo infame, pero no es un problema de personas. En el capitalismo el valor ante todo es capital, y todas las otras formas que el valor asuma (ingresos personales, ahorros, títulos, bonos, acciones no preferenciales, etcétera) deben cederle el paso a su Majestad. El dinero solo puede funcionar como medida del valor, como medio de su preservación y de cambio, o como medio de pago, si antes funciona como capital: si de alguna manera, en algún lugar del sistema, algo o alguien garantiza su rentabilidad. A menos que cada capitalista opere solamente con su propio dinero —con lo cual no habría capitalismo—, el sistema funciona sobre la base de la confianza. Si, como ahora, los grandes concentradores de dinero (bancos y empresas afines) no pueden generarla, deberá hacerlo el Estado. O bloques de estados; ya se llegó al G20. ¡Cómo ha avanzado pues la socialización capitalista!, esto que llaman “globalización”. ¡Y cómo ha retrocedido la de las clases trabajadoras!En 1865, cuando escribía el tomo III de El capital, no me hacía ilusiones sobre las fábricas cooperativas de entonces, pero ya eran algo: desde la producción los trabajadores aspiraban a ir más allá del capitalismo. En cambio ahora ellos depositan sus fondos de pensiones para percibir “utilidades” —lo cual es cierto desde el punto de vista contable—, y con eso ¡creen ser capitalistas! Los verdaderos capitalistas —que se mueven como pez en el agua entre las tasas de interés— y el Estado con el gasto público, pero en particular con la deuda pública, desbordan la propiedad privada y actúan mediante la apropiación capitalista. (Esto último lo explico en la sección VII del tomo I, pero casi nadie lo ha entendido.)Lo que manda en el sistema capitalista es el sostenimiento de la acumulación, cuyo primer paso es la realización continua de la plusvalía. Para ello se sirve de un mecanismo ciego de ensayo y error, al cual los sicofantes llaman “ley” de la oferta y la demanda. No ven que ella es solo la fricción del engranaje, de la interdependencia indispensable a la “cadena de pagos”. Cuando esta se desploma el Estado recurre a su poder político para reestructurar la propiación, como en el actual “rescate financiero”. Por eso este dinero “debe” rescatar a los bancos y no a los deudores hipotecarios. ¿Te imaginas de dónde extraerán toda esa suma? ¡El Estado sigue siendo un comité ejecutivo de toda la clase capitalista! ¡Y lo dijimos hace 160 años en nuestro Manifiesto!Claro que las fuerzas productivas desde entonces son ya totalmente otras, pero qué poco ha cambiado el capitalismo. Si antes del Canal de Suez y de la navegación a vapor la lentitud del comercio China-Inglaterra permitía diez meses de especulación con las letras de cambio (revisa El capital, volumen 7, pp. 525-526. Siglo XXI), hoy se especula gracias a… la rotación de la tierra: ¡las diferencias horarias entre los grandes mercados, e incluso al interior del mismo día! Fíjate lo que ese chaval Joaquín Estefanía describía indignado hace cinco años.“[1] … compra-venta de acciones de los grandes inversores a partir de las cuatro de la tarde, cuando los mercados de EE. UU. cerraban. La operación se realizaba en un mercado asiático aprovechando el margen de protección de los husos horarios, entre 12 y 15 horas. Si las cosas iban bien en el mercado asiático, los inversores se aseguraban unos beneficios con rapidez (late trading). [2] … ejecutar entradas y salidas rápidas en el fondo de inversión aprovechando que su valor de liquidación se establece una vez al día, a pesar de que los valores en los que se interviene fluctúan a lo largo de la jornada (market timing)” [Joaquín Estefanía: “Cuando el capitalismo pierde la cabeza”. El País, domingo 7 de diciembre del 2003].
Ya lo dijo Bertolt en su Ópera de tres centavos: “¿Qué es peor, robar un banco, o fundarlo?” Los desastres que vienen tras el estallido de estas “burbujas financieras”, tratando de burlar nuestra ley del valor, la reafirman. Pero repito, el capitalismo sería imposible si cada capitalista manejara solo su propio dinero. Por eso existen los bancos; con ellos surge el capital productor de interés. Por eso también existen las acciones, y con ellas la bolsa. Sin embargo, bajo estas formas el capital rota a la velocidad de una ruleta frente a la lentitud del capital productivo. Imposible impedir que se forme una “economía casino” (¡me gusta esa palabra! ¿A quién se le habrá ocurrido?). Tras la parodia de la “autorregulación” tratarán de reivindicar la regulación estatal, ¿pero quién regula a los reguladores? Solo podría hacerlo la clase obrera, la cual es ahora un trabajador colectivo tan inmenso como heterogéneo y contradictorio. A ver si los muchachos del Foro Social Mundial organizan algo.Tuyo,El Moro
P.D.: Las ventas de El capital en la Feria de Frankfurt me preocupan: ¿qué van a entender con el actual nivel teórico? Además, ¡no me reconocen un miserable euro por derechos de autor! Vivo todas las desventajas del capitalismo y ninguna de sus ventajas. Me reconforta nuestra correspondencia del año pasado sobre Windows Vista. Ahora que este producto ha fracasado algún efecto habrá tenido ese email que instaba a los cybernauts a no comprarlo. ¡Una pequeña victoria popular! ¡Chúpate esa, Gates!

